Volvió a sonar el teléfono después de un largo silencio, esta vez se sentía motivado a contestar dada la insistencia en las llamadas perdidas; a pesar de no tener ese numero registrado, la intriga y la demanda eran aliciente para devolver la llamada.
Después de pensarlo poco. Atendió: “hola, si si, ajam”, "es que como siempre no agendo tus numeros", “mmm Puede ser, vos decime”,”¿ahora?”,”si pero es que, no estaba preparado para tu llamada”, “¿podes el sábado?”, “bueno yo te llamo cuando este por mi casa”. Colgó.
— Puchica, yo pensé que si querías verme, pero al parecer otra se me adelanto ¿verdad? – comentaba con cierto desaire mirándole fijamente mientras lo cobijaba en sus brazos.
— Lo que pasa es que vos llamas así de repente y a veces tengo compromisos laborales que debo atender antes que a las damas; ademas tengo a mi hija acordate y en la escala de mis prioridades ya sabes cual es tu ubicación querida.
— Si, yo se... pero es que me dan celos saber que otra puede estarte llamando. – Teatralmente se levanta de la cama pataleando como niñita resentida.
— ¿Celosa vos?, ya relajate y dejate de vayuncadas, la que insistió en una relación abierta fuiste vos. – Es que querido, de tu esposa no siento celos, si no de algotra zorra... jeje como yop.
— No me gusta que te expreses así de vos misma.
— No por eso digo, olvidalo pues, no te escames.
El intentó relajarse y apoyo su mentón contra la almohada mientras contaba los minutos simulando querer dormir. Al verlo, ella intento hacer otro numerito para llamar su atención, pero los esfuerzos fueron inútiles.
— ¿cuantas veces me has montado ahora? – ¿montarte...?
— Cogerme pues, que no entendés
— La preguntita te compro, oís
— Ay sabes que!, hablo como me viene en gana, para eso mejor estuviera con mi tata y sus clases de moral y regaños por cualquier cosa.
— Esta bien pues, no te pongas así. Pero es que siento que intentas hablarme sucio. ¿te causa morbo?
— ¿Acaso a vos no te causa morbo tenerme así, con la falda del uniforme ah?
— Es una de mis fantasías que ya hacia ratos no satisfacía. – Y sin planearlo me tenes para vos solito ¿verdad que me lo devoro rico? – recalco ella acariciando con su dedo índice las comisuras de su boca mientras se va deslizando lentamente apartando a un lado aquella sabana con que el cubría su cuerpo. Y susurraba al oído. – Dime que te gusta, dime que te gusta. ¿sí? – Continuo por largo rato mientras con afán hacia de las suyas otra vez.
— Si me comes rico, pero… “me gusta cuando callas porque estas como ausente” – Aquella pasión casi termina súbitamente y de un solo tajo. – ¿No es lo que estoy pensando, o si?
— ¿Qué estas pensando? – Que una vez te pregunte como fue que me encontraste en el hi5 y solo me dijiste que las redes sociales son una gran fuente de información. Me dijiste además algo así como que hasta un poema puede desencadenar las pasiones más deliciosas.
— ¿Quién soy, el gato o el ratón? – ¿Vos quien te crees? – Contesto él con cierta serenidad blandeando su cabeza en señal de estrés.
— Así la neta la neta la neta, yo siento que fui demasiado lejos con hacerte creer que quería suicidarme. Esa historia me la invente para ver como reaccionabas.
— ¿y cómo reaccione? – Muy bien. – Contesta ella con cara de complacencia.
— Te creíste todo, y hasta lágrimas me salieron cuando fingí que lloraba al teléfono. Te escuche preocupado e interesado porque yo estuviera bien. Aunque me preocupe un poco cuando intentaste contactar a mi familia ¿Cómo se te ocurrió buscar a mi papa en el facebook? ¡Estás loco, si mi papa se entera le daría “patatús”! Pensaba decírtelo en ese momento pero, se me vino la idea de que podría ser divertido seguir mintiéndote sobre mis problemas emocionales y ver que tanto podrías consentirme. Por todo eso, siento que soy el gato de la historia. ¡Yo te cace papacito! Pero… a veces siento que yo soy el ratón, mas con las ganas vehementes con que me tengo que acostar y no te tengo cerquita para que me des esas cogiditas ricas. Pero, no me has contestado ¿Cómo te pudiste aparecer de la nada en mi vida? ¿Cómo fue que me interese por vos si tenes casi la edad de mi tata?
— ¿Te acordas de.. “la vida apesta”? – si, claro que si, también me recuerdo de “Las princesas no lloramos solo morimos en silencio”, también de “Rayos quiero quitarme la vida quien me ayuda”, y de “Juro no volverme a fijar en cualquier idiota”, ahh como olvidar también a “Te extraño patito, dejate ver si”. Estamos hablando como de ocho meses atrás cuando yo ponía esas cosas en mi hi5, y puse a Neruda porque para ese entonces también estábamos leyendo los 20 poemas de amor y una canción desesperada.
— ¿Vos me estuviste expiando todo ese tiempo?
— sí y no
— ¿Planeaste todo para que yo sintiera interés por verte?
— No, solo intuí que pensabas que yo era la presa y vos el cazador y te di a comer de tu propio cebo con el que te gusta pescar. Yo solo buscaba una bicha boba con quien conversar y apareciste vos, me viniste como anillo al dedo. Si me creí lo del intento de suicidio, hasta descubrí que tu papa es pastor de jóvenes de esa iglesia que no sé por qué razón se me hace como a producto de hojuelas de maíz ese logo. Y pensaba advertirle que su hija estaba a punto de suicidarse, que no la corriera de la casa, que le prestara más atención, que la corrigiera pero sin llegar a descuidarla tanto como para tener que buscar esa comprensión y ese afecto donde no existe. Pero al ver tu capacidad de persuasión y tus deseos desmedidos, opte por ser yo el gato y vos el ratón.
— Ay si, el hombre inteligente ¿y qué papel juego ahora en tu vida? . Deja que yo me conteste, el mismo que han jugado otras ¿verdad mi chulis? – Alegrate que por tu edad, logras ser mi favorita.
— No cantes victoria tan aprisa, uno de estos días puede llegar a cambiar tu realidad, mientras tanto iré poniendo menos información de manera pública en las redes sociales en que me encuentro; no me vaya salir otro “principito cuarenton”. – No exageres son solo treinta y seis.
— Salió taconeando de la habitación, guardando en su bolso el uniforme del colegio. Mientras el enjuagaba sus ansias de verle llegar otra vez y repetir nuevamente la misma escena y saciar sus fantasias.